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En el mes pasado empecé a hablaros sobre la importancia de catalogar exhaustivamente el patrimonio cultural en cada municipio para avanzar en su protección, y a petición vuestra me comprometí a profundizar en este tema. Hubo después un segundo artículo en el que os hablé del patrimonio cultural rural, el gran olvidado, y os mostré la experiencia que tuvimos en la realización de este documento para Baza (Andalucía, España).

Pues bien, hoy os voy a mostrar la importancia de contextualizar cada uno de los elementos (sea un cortijo, un aljibe, un bien arqueológico…) en su entorno, con la intención de comprender mejor la relación entre los elementos catalogados con el territorio y con el paisaje del que forman parte, añadiendo por tanto a la protección individualizada del elemento en cuestión, una segunda protección a su entorno rural, ya de carácter urbanístico y territorial. Y para ello os voy a mostrar uno de las zonas en las que subdividimos el territorio e Baza: LA VEGA-CAMPO DEL JABALCÓN, de la que os trascribo la descripción que incluimos en el Catálogo:

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"Este ámbito presenta varias zonas bien diferenciadas, aunque se han englobado bajo una sola denominación común para una mejor comprensión de la estructura de este Catálogo. Dichas zonas se corresponden con la vega tradicional de Baza, el Campo del Jabalcón, al otro lado de la A92N, los rebordes del piedemonte del Cerro Jabalcón, al oeste, la margen izquierda del río de Baza, y la porción más al norte del término municipal, localizada al otro lado de la cola del embalse del Negratín, en lo que se conoce como “El Rincón de Baza”.

La vega tradicional es una extensa zona de regadío, contigua al casco urbano por el Este y por el Sur, con un paisaje agrícola de “bocage”, densamente ocupada por cortijos aislados y pequeñas cortijadas que en los últimos años están dando paso aceleradamente a nuevas construcciones de recreo como segundas viviendas con unas tipologías y usos que nada tienen que ver con aquellos, con la consiguiente pérdida de identidad de este espacio, más próximo ya a un diseminado de tipo “inglés” que a lo que fue en su origen.

Por su parte, el Campo del Jabalcón ha sido tradicionalmente una zona dedicada a riegos eventuales y a cultivos de secano, complementados con una ganadería extensiva que aprovecha los barbechos del cereal, aunque también en los últimos años está sufriendo una intensa transformación y homogeneización de su paisaje por culpa de los nuevos cultivos forzados que conllevan además la explanación de  grandes superficies con fuertes movimientos de tierra.

Arqueológicamente es una zona que en conjunto también ha aportado un importante número de yacimientos arqueológicos, con especial relevancia de los pertenecientes a los periodos ibérico, romano y alto medieval, en los que se supo aprovechar el alto potencial agrícola tanto de las mejores zonas irrigables como de las extensas terrazas aluviales de la margen izquierda del Río de Baza. En esta zona se emplazan asentamientos de la entidad de la ciudad ibero-romana de Basti, una posible centuriatio” romana o el castillo de Benzalema, en un punto estratégico de la confluencia de los ríos que dan origen al Guadiana Menor.

Las principales manifestaciones de la arquitectura de este ámbito están representadas por los numerosos cortijos, generalmente aislados, que se levantan tanto en la vega, el Campo del Jabalcón o la margen izquierda del Río de Baza. Mientras que en las zonas de secano y de olivar domina un tipo de cortijo con instalaciones ganaderas anexas, en la vega predomina un tipo de casa-huerta con frecuente presencia de un emparrado colocado paralelamente a su fachada principal o perpendicularmente enfilando a ésta y tras el que se extiende una pequeña huerta o jardín.

Especial mención merece la zona de La Rivera, donde se concentra un importante número de edificaciones dedicadas a la transformación y elaboración de productos agrícolas, como molinos harineros y almazaras, casi todos lamentablemente abandonados, amén de un elevado número de huertas con cercados de mampostería o de tapial, entre las que discurre una auténtica maraña de acequias con un origen común: los manantiales de Las Siete Fuentes y La Fuente de San Juan. Realmente esta zona posee valores naturales, históricos, paisajísticos y etnológicos suficientes como para plantear alguna figura de protección específica para ella. Por otra parte está sufriendo la misma presión de nuevas construcciones para segunda vivienda que la vega tradicional con el consiguiente riesgo de pérdida o deterioro de sus  señas de identidad.”

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Hace unos días os hablaba sobre la importancia de que en cada municipio se realice una catalogación exhaustiva de todo su patrimonio cultural en todas sus categorías, desde aquel que atesora valores de tipo monumental (una catedral, un castillo, un palacio…) hasta aquellos otros elementos que son resultado de las tradiciones o del buen hacer de sus habitantes (la arquitectura popular, un antiguo molino harinero o unas eras de trilla) porque todos ellos configuran el poso de la historia local y deben ser legados a las futuras generaciones no solo en buen estado de conservación sino también en un contexto que permita la armonía de estos elementos con el lugar.

Y por los comentarios que me habéis hecho llegar unos y otros he pensado que está más que justificado que en los próximos días vayamos profundizando en esta materia, y qué mejor que hacerlo a través de algún caso concreto. Pues bien, hoy voy a hablaros precisamente del patrimonio más abandonado a su suerte y menos valorado… EL PATRIMONIO CULTURAL RURAL.

Hace unos años, con motivo de la elaboración del Plan General de Ordenación Urbanística (PGOU de BAZA) de un municipio andaluz, propusimos a su ayuntamiento realizar una catalogación exhaustiva del numeroso patrimonio cultural que se hallaba disperso por su espacio rural, y felizmente pudimos afrontar aquel trabajo que nos llenó de satisfacciones y que se convirtió en una herramienta esencial para la tutela patrimonial de este municipio.

Y es que, como escribimos entonces, “la ciudad no se encuentra aislada del territorio que la rodea ni ha albergado siempre entre sus límites urbanos a todos los habitantes, por lo que entre los que habitan la ciudad y los que viven de manera dispersa en el territorio se establecen múltiples relaciones de contacto que van dejando una serie de huellas en el paisaje en forma de construcciones, caminos, campos de cultivo, acequias, minas…que son los que lo caracterizan y que generalmente albergan unos valores culturales y etnológicos muy valiosos y que constituyen la esencia de unos modos de vida y de relación del hombre con el territorio que forman parte de la historia local.

Las zonas rurales de Andalucía, con la crisis de los sistemas productivos tradicionales en los años 60 del siglo pasado vivieron el éxodo de sus habitantes hacia las ciudades en la búsqueda de una mejor calidad de vida, con el consiguiente abandono de todo aquello que les ligaba a su situación anterior.

Y sólo en aquellas comarcas con un menor desarrollo económico han pervivido hasta fechas más recientes formas de economía tradicional que han mantenido en uso y por tanto conservado los elementos que configuraban ese paisaje ruralizado, aunque en franco proceso de desaparición casi total. Sin embargo y paradójicamente los nuevos gustos sociales por el regreso a la vida en el campo, el turismo rural, etc., están provocando una presión y un consumo no respetuoso en muchos casos del rico patrimonio rural, trasladando al ámbito rural tipologías y modelos que poco o nada tienen que ver con lo que antes había.”

Su realización requirió una concienzuda y sistemática labor de campo a lo largo y ancho de todo el territorio municipal, completada con otras tareas de investigación documental.

Y como resultado, el Catálogo de Protección Cultural del Medio rural se concretó en:

- Fichas individualizadas para cada elemento, conteniendo:
Identificación del elemento
Descripción del mismo
Valoración
Condiciones de ordenación

- Consideración de las categorías:
Patrimonio Arquitectónico (189 elementos)
Patrimonio Arqueológico (253 elementos)
Patrimonio Etnológico (118 elementos)
Patrimonio Natural (14 elementos)

- Y zonificación del territorio, con la intención de comprender mejor la relación entre los elementos catalogados con el territorio y con el paisaje del que forman parte, estableciendo zonas con características tanto geográficas como antrópicas más o menos homogéneas, que en el caso de Baza fueron 4:
Sierra de Baza-Parque Natural
Vega-Campo de Jabalcón
Llanos de Jamula-Ramblas
Llanos de Baúl-Atalaya

Próximamente os desarrollaré en detalle una de estas zonas para que disfrutemos juntos de todos esos tesoros que el mundo rural nos ofrece… aún.

Casa de Antonio el pastor. Arquitectura vernácula de alto valor etnológico

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Acueducto del molino de Tablas.

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Dolina en las Torcas del Calar de Casa Heredia

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Nunca es justo… pero en Galicia seguramente menos aún… No, no es justo que desde la distancia nos podamos quedar con la idea allí lo que impera es la contracultura del fuego y de los pirómanos, y que la sociedad local los ampara… porque no es ni verdad ni justo… ¿Y sabéis por qué lo digo?

En efecto, en estos días Galicia ha vivido el horror de una ola de incendios asesinos para las personas y sus bienes, asesinos para la naturaleza y los paisajes rurales, y asesinos para un modo de vida, y fatal para las esperanzas de mayor prosperidad de miles de personas… Y no soy un iluso, claro que sé que con seguridad muchas cosas están fallando para que se haya podido dar una campaña de incendios criminalmente orquestada, bien por envidias, sea por malos hábitos, quizás por venganzas o simplemente por expectativas económicas… Urge investigarlo, por supuesto, y también afrontarlo por derecho y en todos los frentes posibles, para erradicar de una vez ese cáncer que se repite sospechosamente cada pocos años…

Pero yo hoy quiero también romper una lanza a favor de la modernidad, el rigor y la responsabilidad con los que la sociedad gallega lleva años trabajando, muy por delante de otras regiones españolas y europeas, para la ordenación, la protección y la gestión de su paisaje. Y eso es lo que os quiero contar brevemente. Veréis:

En el año 2000 se aprobó en Florencia el Convenio Europeo del Paisaje que fue el punto de partida para el reconocimiento legal de este concepto y de su relevancia en relación con la planificación y gestión territorial. Es decir, “el paisaje convertido en un bien público que abarca todo el territorio y un derecho ciudadano como componente de la calidad de vida a través de sus valores naturales, estéticos, patrimoniales y productivos”.

España ratificó dicho convenio a finales de 2007. ¿Y sabéis cual fue la primera región española en incorporarlo a su legislación? Galicia, aprobando acto seguido su Ley de Protección del Paisaje en Galicia, que supuso que desde dicho momento lo paisajístico pasó a ser el marco en el que insertar el análisis territorial:

“Constituye una dimensión básica para la comprensión del territorio y cómo ha sido la relación histórica de los habitantes con este. Por esta razón, la ciudadanía debe jugar un papel activo en la definición de políticas públicas sobre el paisaje, basadas en la toma de decisiones en procesos de participación pública que contribuyan a la captura del conocimiento local, la identificación de temas delicados, gestión de conflictos, democratización y la legitimidad de los procesos, el intercambio de información y, en última instancia, para asegurar la heterogeneidad y la incorporación de diferentes puntos de vista.”

Incorporando desde entonces en sus políticas públicas criterios no solo para la protección de los lugares a los que socialmente se les otorga un gran valor, ya que los mayores retos vendrán en aquellos que están degradados o en riesgo de degradación… O en los paisajes normales, comunes, frecuentes y habituales, que también deben ser gestionados, ordenados y protegidos.

Galicia, lleva años apostando por la consideración del paisaje en las diferentes políticas públicas, lo que implica una visión holística e integradora… donde “la gestión del paisaje se reconoce como un factor fundamental para la competitividad de un territorio, al afectar directamente su mejora económica, turística, ambiental, cultural y social.”

Y en eso, Galicia, reconozcámoslo, ha sido pionera.

Y como veis, desde 2008 lo paisajístico ha estado presente en todos los procedimientos de evaluación de impacto ambiental de proyectos y evaluación ambiental estratégica de planes. Además, en 2011 entró en vigor su Estrategia del Paisaje de Galicia con una clara vocación de sensibilización y difusión. Y que en 2016 ha dado lugar a la realización del Atlas de Paisajes de Galicia. Y precisamente en estos días, la Xunta de Galicia acaba de presentar nuevas líneas de acción para el periodo 2017/2020… como resultado de un trabajo exhaustivo, riguroso y participativo… cuyo enlace os comparto: ESTRATEXIA DA PAISAXE GALEGA (2017-2020)

Por tanto, toda la solidaridad de La Ciudad Comprometida con esta tierra hermosa, sabia y sensible… y también rigurosa, moderna y ambiciosa… ¡Porque Galicia lo vale!

Estratexia da paisaxe galega. Xunta de Galicia