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La Sociedad Comprometida

Hace unos días tuve el honor de asistir al acto de inauguración del curso 2017/18 del Centro de Estudios "Pedro Suárez" donde gocé de la impresionante conferencia: "La gestión integral del patrimonio cultural: el caso del conjunto histórico de Albarracín"… pero eso es otro tema del que quisiera hablaros detenidamente mañana o pasado, ya que hoy voy a centrarme no en el acto en sí, sino en difundir porqué son importantes este tipo de entidades y a qué van destinadas.

Así pues, ¿Qué son los Centros de Estudios Locales?: Se trata de diversos organismos (centros, instituciones, reales academias...) creados generalmente por ayuntamientos, diputaciones provinciales, o comunidades autónomas destinados a la investigación de temas locales y regionales. Se encuentran agrupados a través de la Confederación Española de Centros de Estudios Locales (CECEL),  vinculada al Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

¿Cuál es su finalidad?  Impulsar estudios de investigación local, promoviendo actividades diversas tales como proyectos de Investigación, congresos, seminarios, cursos, encuentros, y publicaciones.

¿Y cuáles son las características del CEPS Centro de Estudios «Pedro Suárez»? Data de 1988 y agrupa a un grupo abierto de estudiosos interesados en impulsar el conocimiento histórico y la investigación, conservación y difusión del Patrimonio Cultural de la Diócesis de Guadix por lo que cuenta con el patrocinio del Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo de Guadix. Sin embargo su labor va mucho más allá como lo prueba el reconocimiento que recibió en 2011 por parte de la Real Academia de Bellas Artes de Nuestra Señora de las Angustias de Granada al concederle su Medalla al Mérito por su labor creativa, difusora y de defensa del patrimonio artístico, monumental, paisajístico y medioambiental de las comarcas de Guadix, Baza y Huéscar.

“Desde su fundación, el CEPS viene cumpliendo sus fines estatutarios gracias a la colaboración de sus miembros, investigadores y académicos especializados en diversas disciplinas del conocimiento; para lo cual tiene establecidos convenios de colaboración e intercambio con diferentes instituciones y centros de investigación. Organiza conferencias, seminarios y exposiciones, elabora informes y dictámenes, edita monografías sobre aspectos patrimoniales de su ámbito de estudio, y publica una revista anual, el Boletín del Centro de Estudios «Pedro Suárez» (ISSN 1887-1747).”

En fin, que tuve el honor de asistir a este acto del CEPS, y desde aquí quiero felicitar a esta entidad a través de su presidente, el profesor Juan Manuel Rodríguez Domingo, y de su secretario el profesor Javier Beas torroba, agradeciéndoles y mi nombre y en el de La Ciudad Comprometida la interesantísima labor que están llevando a cabo.

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Jueves, 14 Septiembre 2017 07:00

¿CIUDADANOS AL VOLANTE?

Escrito por

Ayer en la tarde, mientras que me dirigía en taxi hacia el aeropuerto “El Dorado” de Bogotá –por cierto, magnífico, y creo que un día de estos os hablaré de él…- recuerdo que iba casi despavorido… ¡Jajajaj! Ahora me río, pero ayer…. Los taxis en esta ciudad son en general unos vehículos amarillos muy pequeños, sin maletero, y en los que el pasajero se suele sentar atrás, salvo que lleves maletas grandes, lo que era mi caso. Por lo que tuve que alojar mi equipaje en los asientos traseros y yo me acomodé junto al conductor, con lo que no pude evitar captar la atención sobre el arte de conducir que allí impera e ir pendiente del denso tráfico que a esa hora bullía de aquí para allá… Y, claro, ya mis ojos, abiertos como platos, no se perdían detalle de aquella lucha sin cuartel, en la que por doquier salían toda clase de vehículos compitiendo por medio metro… y con una intrepidez no apta para mentes educadas en el código de circulación y en la cortesía al volante.
No sé si habéis visitado alguna ciudad latinoamericana, pero allí –y Bogotá no es una excepción- al conducir no existen normas ni códigos que valgan, y solo impera la ley del más espabilado, incluso ni siquiera del más grande ya que el más sagaz o descarado se cuela y pasa antes… la pillería es la que manda y nada de aquello de pase usted primero, o tiene usted preferencia, o me incorporo al carril derecho para que el tráfico fluya, o pongo los intermitentes para girar,… ¡Jajajajj ¡Vaya la que pasé! Fueron 50’ que me recordaron a cuando este verano en Madrid fui a un parque de atracciones con mis hijos pequeños y me di un buen tute de montañas rusas y de emociones… ¡Jajajaja!
Y en estas estaba, cuando mi educado conductor (realmente lo era, me trataba con respeto y con suma deferencia) que también hacía de las suyas con el volante, me miró a la cara, con media sonrisa, a mi palidez le contestó: “Aquí hay que conducir con el ánimo tranquilo”, queriendo decir que si bien al conducir podía ser tan bárbaro como los dema´s, sin embargo aquello era una lucha limpia y el único truco era no sulfurarse… no gritar, aceptar las pillerías de los demás, al igual que los demás aceptaban las tuyas…
Es decir: Nada de enfadarse, ni de subir tus pulsaciones… piano, piano… con la tranquilidad…
Ahora voy a casa, a España, donde actuamos justo al revés: conducimos en general con educación y con el código de circulación por montera… pero… ¡Ay, si alguien me adelanta por la derecha! ¡Jajajajaj! Le hincho a voces o a pitidos…
¡En fin¡ Necesitamos de códigos de convivencia y necesitamos cumplirlos… lo de Bogotá, es una manera simpática (y emocionante) de resolver la informalidad y la falta de civismo… pero la construcción de mejores ciudades en las que vivir requiere también de la construcción de mejores ciudadanos… esto es, de ciudadanía…

Abrazos inmensos desde Madrid, adonde acabo de llegar!

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Martes, 19 Septiembre 2017 07:00

¿Y YO QUE DEBO HACER?

Escrito por

Ayer me escribió uno de vosotros… en realidad fue una asidua lectora de La Ciudad Comprometida que, desde Arizona, USA quiso profundizar en una de las frases de mi último post:

“¿Quién le enseño a respetar la naturaleza? ¿Cómo puede uno pasar estas creencias a sus propios hijos? Si la naturaleza es nuestro futuro y nuestros hijos son el futuro ¿Qué estamos haciendo para interiorizar estas creencias en ellos?”

Respecto de la primera cuestión… al volcar mi mirada sobre mis recuerdos, veo con nitidez que mi primer encuentro con la naturaleza en su estado más puro, fue con 9 años, durante un verano en el que pasé 15 días en unas “colonias” en Jerez del Marquesado, al pie de las montañas de Sierra Nevada (Granada) y recuerdo mis primeros acercamientos a la gran montaña. Y ya años después, recuerdo también otro verano que pasé en las montañas de Teruel, entre los inmensos pinares de la Sierra de Albarracín… Creo que allí, en aquellos lugares aprendí a amar a la naturaleza… y aprendí a amarla en su estado más puro…

Y como consecuencia de estas cosas de la memoria selectiva, también se me quedó fijado el recuerdo de mi profesora de Ciencias Naturales cuando tenía, creo, 16 años… Estaba interno en la Universidad Laboral de Sevilla, un centro estatal, y dimos un paseo por los alrededores del río Guadaira para apreciar la vida que había entre aquellos eucaliptos y la vegetación de ribera… y nunca olvidaré la severidad con la que Doña. Concha reprendió a uno de nosotros que pisoteó de manera intencionada pero también inconsciente a un insecto… haciéndole ver, en realidad haciéndonos ver a todos, que aquel ser era como nosotros, y de manera absurda le habíamos robado su vida… Creo que fue aquella maravillosa profesora la que nos abrió de repente el sentido de la responsabilidad que el hombre debe tener con la naturaleza…

Claro que aquellos recuerdos apenas supusieron un principio… pero gracias a estas preguntas de Kimberlin he visualizado cómo ciertos gestos pueden ayudar a que nuestros hijos interioricen ese mensaje solemne del que ayer os hablaba: que “Proteger la naturaleza es lo más progresista, lo único para construir el futuro”… y no serán en vano todos los esfuerzos que podamos hacer para educarlos en este sentido, como tampoco serán suficientes todas las iniciativas que hagamos al respecto, porque el problema es cada vez más serio y porque de verdad que nuestros hijos, la humanidad en realidad, cada vez tiene más comprometido su futuro, o al menos un futuro de calidad, en una gran casa, La Tierra, cada vez más herida por la soberbia del ser humano…

Por eso hoy se me vino a la memoria, con gran cariño, aquel gesto severo de mi profesora de Ciencias Naturales… que con el tiempo se me ha convertido en una especie de grito de protesta por todos los daños que el hombre le infiere a la madre tierra. Como veis, tenemos la gran responsabilidad de actuar con responsabilidad y de que al menos en el seno de nuestras familias y en nuestros círculos próximos hagamos germinar esta semilla, ya que nuestros vástagos deberán tomar el testigo ya que vivirán en un mundo que les hemos legado en mucho peor estado que el que nosotros recibimos…

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